LA HABANA, 27 oct (Xinhua) — La votación que tendrá lugar mañana miércoles en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre el bloqueo económico, comercial y financiero que Estados Unidos mantiene contra Cuba desde hace más de seis décadas tiene un “significado político y moral de primer orden”, consideró la académica cubana Olga Rosa González.

“Esta nueva votación (…) llega en un contexto cualitativamente distinto al de años anteriores”, explicó la subdirectora del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU) de la Universidad de La Habana (UH).

González recordó en diálogo con Xinhua que desde enero Washington aplica a Cuba un cerco petrolero, que restringe el suministro de combustible a la isla, y que es la primera vez que la Asamblea General se pronuncia desde entonces, y puntualizó que “no se trata solo de un ritual anual”.

Representantes de países y de organizaciones regionales e internacionales rechazaron hoy martes ante la Asamblea General el bloqueo y reclamaron el fin de las medidas coercitivas que afectan a la población cubana, durante la primera jornada del debate del proyecto de resolución que el órgano someterá a votación mañana, por trigésima cuarta ocasión.

“La expectativa razonable es que la resolución se apruebe por mayoría”, indicó la investigadora, aunque el margen “será observado con lupa” porque la composición del voto mostrará el costo político que Washington está dispuesto a asumir.

El Gobierno estadounidense presiona a otros Estados miembros de la ONU para que cambien la posición ante la resolución y no voten a favor de Cuba, con tres objetivos, afirmó la doctora en Ciencias de la Comunicación por la UH.

El primero es reducir el aislamiento diplomático de Estados Unidos, que junto a Israel ha sido casi el único voto en contra durante más de tres décadas, pues “esa soledad diplomática tiene un costo reputacional y simbólico que Washington intenta mitigar presionando para que el margen se estreche”, precisó.

El segundo objetivo es disuadir a los países que respaldan a Cuba mediante amenazas de aranceles punitivos, suspensión de programas de cooperación y restricciones de visas, medidas que “no son gestos retóricos: son instrumentos de coerción”, subrayó.

El tercero es deslegitimar el proceso multilateral, pues la estrategia revela, a juicio de González, una “concepción transaccional y selectiva del multilateralismo”, en la que Washington utiliza la Asamblea General cuando le sirve para proyectar legitimidad y recurre a la coerción bilateral cuando el resultado no le favorece.

“Esta contradicción es la expresión clásica del choque entre el deber ser del derecho internacional y el de facto de la política de poder”, aseguró al referirse a la persistencia del bloqueo pese al rechazo internacional durante décadas.

Añadió que las resoluciones de la Asamblea no son vinculantes y que darles carácter obligatorio requeriría una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, donde Estados Unidos tiene derecho a veto.

El bloqueo, recalcó, está codificado en la legislación estadounidense, por lo que levantarlo exige una acción del Congreso, y mientras Washington pueda imponer costos a terceros países el respaldo en la ONU no se traduce de forma automática en un cambio de comportamiento.

Las presiones pueden erosionar el voto favorable de los países más vulnerables por la dependencia de programas de cooperación estadounidenses y llevarlos a la abstención o a una retórica más cautelosa, estimó la investigadora, aunque “el impacto no es ilimitado”, pues cada vez son más los países que mantienen el voto a favor de Cuba pese a las amenazas.

De normalizarse esas amenazas, advirtió, la Asamblea General “dejaría de ser un foro de deliberación libre” para convertirse en un escenario donde el voto se compra o se coacciona.

“El rechazo internacional es una condición necesaria, pero no suficiente para el levantamiento del bloqueo”, dijo González, quien ve limitadas las perspectivas de cambio a corto y medio plazo, entre otras razones por la postura de la Administración del presidente Donald Trump, cuyo secretario de Estado, Marco Rubio, ha declarado que no habrá “válvula de escape” para Cuba. Fin

Por Vimag

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