RÍO DE JANEIRO, 26 oct (Xinhua) — El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, iniciará en enero de 2027 su cuarto mandato presidencial con tres grandes desafíos: dominado por fuerzas conservadoras, mantener los programas sociales sin agravar las cuentas públicas y gestionar las tensiones entre el Legislativo y el Supremo Tribunal Federal (STF).

La victoria de Lula da Silva en la segunda vuelta celebrada el 25 de octubre garantiza la continuidad del Gobierno progresista, pero no resuelve las dificultades para construir una mayoría parlamentaria estable. El fortalecimiento de la oposición y la capacidad de negociación de los partidos de centro y centroderecha podrían dificultar la aprobación de las principales iniciativas del Ejecutivo.

La necesidad de ampliar su base parlamentaria no es nueva para Lula da Silva, quien gobernó de 2003 a 2010 y regresó al poder en enero de 2023. Sin embargo, el nuevo escenario exigirá acuerdos con formaciones que no necesariamente respaldarán todas las propuestas presidenciales.

Una de las principales vías será la negociación con el “centrão”, conjunto heterogéneo de partidos de centro y centroderecha que suele desempeñar un papel decisivo en la formación de mayorías parlamentarias.

El reparto de responsabilidades administrativas y las negociaciones presupuestarias podrían adquirir mayor importancia. Las elecciones de las mesas directivas de la Cámara de Diputados y del Senado, previstas para febrero de 2027, también influirán en las prioridades legislativas y la capacidad del Gobierno para impulsar sus proyectos.

El segundo gran desafío será conciliar los compromisos de campaña con las limitaciones presupuestarias y la necesidad de controlar el endeudamiento público.

Lula da Silva prometió mantener y ampliar las políticas sociales, fortalecer la inversión pública, impulsar la industria nacional y adoptar medidas para reducir el endeudamiento de las familias. Entre sus prioridades figuran la continuidad de programas como Bolsa Familia y Minha Casa, Minha Vida, además de la valorización del salario mínimo por encima de la inflación.

Estas propuestas deberán competir por recursos en un contexto de presión sobre las cuentas públicas. El elevado costo del crédito y las dificultades para reducir el gasto obligatorio limitan el margen de maniobra presupuestario.

El desafío consistirá en financiar las prioridades sociales y productivas sin comprometer la sostenibilidad fiscal ni alimentar nuevas presiones inflacionarias.

La reforma tributaria sobre el consumo, aprobada en 2023, entrará en una fase decisiva en 2027, cuando avance la implantación del nuevo sistema impositivo. El Gobierno también tendrá que negociar otras medidas tributarias con un Congreso en el que los sectores empresariales y las fuerzas de centroderecha mantienen una considerable capacidad de influencia.

La evolución del crecimiento económico, el costo de la deuda y el endeudamiento de los hogares podrían aumentar las presiones sobre el Ejecutivo para obtener resultados concretos en materia de ingresos, empleo y poder adquisitivo.

La relación entre el Congreso y el Supremo Tribunal Federal será otro de los asuntos centrales del cuarto mandato de Lula da Silva.

Sectores vinculados al bolsonarismo han defendido iniciativas para someter a ministros de la máxima corte a procesos de destitución y ampliar el control parlamentario sobre el Poder Judicial. Entre los magistrados que han protagonizado enfrentamientos con dirigentes de la derecha figura Alexandre de Moraes.

El Senado tiene competencias constitucionales relacionadas con la aprobación de las nominaciones presidenciales al Supremo y con los procedimientos de responsabilidad contra sus integrantes. El fortalecimiento de la oposición podría dificultar futuras negociaciones y aumentar la presión sobre el tribunal.

La evolución de estos conflictos dependerá de las alianzas parlamentarias y de las decisiones de los dirigentes de ambas cámaras. Las iniciativas relacionadas con el funcionamiento del Poder Judicial, la seguridad pública y las atribuciones de las instituciones federales podrían convertirse en focos recurrentes de confrontación.

Ante las dificultades para construir una mayoría parlamentaria, Lula da Silva ha defendido una mayor participación ciudadana en las decisiones del Gobierno.

La movilización social podría respaldar iniciativas relacionadas con los derechos laborales, los programas sociales y la reducción de las desigualdades. Sin embargo, transformar ese apoyo en resultados legislativos dependerá de la coordinación entre el Ejecutivo, los movimientos sociales y las fuerzas políticas dispuestas a negociar.

El cuarto mandato pondrá a prueba la capacidad de Lula da Silva para equilibrar crecimiento económico, inclusión social y estabilidad institucional en un país marcado por una profunda polarización.

La construcción de acuerdos, la definición de prioridades presupuestarias y la gestión de las relaciones entre los poderes serán determinantes para establecer el alcance de su programa de Gobierno a partir de enero de 2027. Fin

Por Vimag

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