RÍO DE JANEIRO, 14 sep (Xinhua) — El acuerdo alcanzado entre Estados Unidos y Venezuela para ampliar la participación estadounidense en la explotación petrolera venezolana ha abierto en Brasil un debate sobre los límites de la influencia de Washington en América del Sur y la necesidad de preservar la soberanía de los países de la región sobre sus recursos estratégicos. El pacto prevé la explotación de 17 campos petroleros venezolanos que concentran unos 65.000 millones de barriles de reservas, con una participación del 35 por ciento del Gobierno estadounidense en la empresa responsable de las operaciones y derechos preferenciales sobre parte de la producción. Aunque es bilateral, especialistas brasileños consideran que el acuerdo tiene implicaciones directas para Brasil por su extensa frontera con Venezuela, sus intereses en la Amazonia y su condición de una de las principales potencias petroleras de la región. “Lo que ocurre en Venezuela no puede analizarse únicamente como una cuestión entre Estados Unidos y Venezuela. Tiene consecuencias para toda América del Sur”, afirmó el especialista en relaciones internacionales, Williams Gonçalves. “Cuando una potencia externa adquiere una capacidad tan grande de influencia sobre los recursos energéticos de un país vecino, eso necesariamente modifica el entorno geopolítico en el que Brasil está inserido”, explicó el profesor en la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ). La proximidad geográfica convierte a Venezuela en un asunto estratégico para Brasil. Ambos países comparten más de 2.000 kilómetros de frontera en una zona amazónica marcada por comunidades indígenas, comercio y movimientos migratorios. “Brasil no puede tratar la cuestión venezolana como un problema distante. Venezuela forma parte directamente del entorno estratégico brasileño”, señaló Gonçalves. La recuperación de la industria petrolera venezolana podría aumentar la producción regional y generar nuevas inversiones, pero los especialistas cuestionan las condiciones bajo las cuales se desarrollará ese proceso. “El problema no es que Venezuela reciba inversiones. El problema es quién controla esas inversiones, quién controla la producción y cuáles son las condiciones de largo plazo”, sostuvo Gonçalves. La profesora de Relaciones Internacionales Marsílea Gombata, de la Fundación Armando Alvares Penteado (FAAP), consideró que calificar el acuerdo como una nueva forma de imperialismo puede resultar “fuerte, pero cabe”, debido a la posición privilegiada que obtiene una potencia extranjera en la explotación de recursos naturales venezolanos. Para Gombata, el caso debe ser observado también desde la perspectiva de la creciente disputa internacional por recursos estratégicos. “América Latina vuelve a estar en el centro de las disputas geopolíticas por sus recursos naturales”, señaló. El debate tiene una dimensión particular para Brasil, que posee grandes reservas de petróleo y ha convertido el presal en uno de los pilares de su política energética. Petrobras se ha consolidado como una de las principales empresas petroleras internacionales, mientras el país amplía inversiones en transición energética y biocombustibles. El caso venezolano plantea, por tanto, una cuestión también relevante para Brasil: cómo atraer capital extranjero y desarrollar recursos estratégicos sin perder capacidad de decisión nacional. “Brasil tiene que conseguir combinar apertura económica con soberanía. No se trata de rechazar la inversión extranjera, sino de garantizar que las decisiones sobre recursos estratégicos continúen respondiendo al interés nacional”, afirmó Gonçalves. Gombata coincidió en que la cuestión energética debe ser analizada más allá de sus efectos económicos inmediatos. “El control de los recursos energéticos representa también poder político y capacidad de influencia”, afirmó. El acuerdo se produce además mientras el Gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva defiende una política exterior basada en el multilateralismo, la no intervención y una mayor autonomía de los países del Sur Global. “Brasil tiene interés en evitar que América del Sur vuelva a ser tratada como una zona de influencia exclusiva de cualquier potencia”, afirmó Gonçalves. Según el especialista, Brasil debería responder mediante la diplomacia y la cooperación regional. Para Gombata, en tanto, el episodio demuestra la necesidad de que los países sudamericanos coordinen sus posiciones frente a la creciente competencia internacional por energía y materias primas. Fin

Por Vimag