Por Jhonathan Mattos La hegemonía estadounidense parece incapaz de ofrecer al mundo, ni siquiera en apariencia, paz y multilateralismo. La retirada de Estados Unidos de organizaciones internacionales, los ataques a la ONU y la OTAN y la imposición de aranceles tanto a aliados como a rivales revelan a unos Estados Unidos entregados al unilateralismo y al imperialismo, con la representación por parte de su actual mandatario, Donald Trump, de una política sin máscaras y sin voluntad de dialogar para ejercer su poder al margen de los moldes de la posguerra. La actual guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán comenzó el 28 de febrero, con el ataque a la capital iraní, Teherán. El país norteamericano, a diferencia de otras guerras, decidió fortalecer su alianza histórica con Israel sin ni siquiera consultar a sus aliados del Norte Global ni contar con el respaldo del pueblo o de las instituciones estadounidenses. Se trata de un movimiento que desestabiliza este mundo que, cada vez más inevitablemente, está configurado por un modelo multipolar que supera la bipolaridad de la Guerra Fría y la unipolaridad que la siguió. La era de las hegemonías parece cada vez más inaceptable y cuestionada por el ascenso del Sur Global. Ya no se trata de una visión ni de una lógica de colonia contra metrópoli, sino de un escenario en el que los nuevos Estados soberanos surgidos de los procesos de emancipación, en Asia a partir de la década de 1940 y en África durante los años 60 y 70 del siglo pasado, buscan más espacio en el escenario internacional y desafían las pretensiones hegemónicas establecidas. En este contexto, Irán, además de ser una nación que se opone a Estados Unidos desde la Revolución Islámica de 1979, es también un miembro importante del Sur Global. Hoy Estados Unidos está catalizando un proceso que ya venía ocurriendo desde 2008, cuando la crisis financiera comenzó a poner en cuestión el modelo de financiarización neoliberal, ya que una crisis nacional desencadenó una depresión a escala global. El Gobierno estadounidense no es un villano, sino un síntoma de una sociedad desesperanzada, radicalizada y necesitada de preservar el estatus excepcional de Estados Unidos. Esta guerra contra Irán evoca dos eventos importantes e impopulares para Estados Unidos. Por un lado, la Guerra de Irak en 2003, librada bajo la falsa justificación de que Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva. Por otro lado, la Guerra de Vietnam, cuando un Estado con un ejército mucho menos avanzado militarmente logró imponer una derrota a Estados Unidos tras más de veinte años de conflicto. La falta de una respuesta rápida y contundente de la alianza entre Estados Unidos e Israel contra Irán, la reiterada negativa de Irán a negociar entre las partes del conflicto, así como el repetido aplazamiento de las fechas para el fin de la guerra que anunciaba el presidente estadounidense, han contribuido a desmoralizar a Estados Unidos. De acuerdo con opiniones de varios expertos en asuntos internacionales, el año 2026 será recordado como el fin de la llamada “Pax Americana”. Este análisis parece acertado, pues el uso excesivo de la fuerza revela la debilidad de un poder en decadencia. Mientras tanto, el Sur Global, heterogéneo en términos culturales, políticos y económicos, logra agrupar a un conjunto de países más amplio que el de Occidente, ya que no exige condiciones previas para pertenecer a él, aunque comparte objetivos comunes como, por ejemplo, la reforma de las organizaciones multilaterales, desde la ONU hasta el FMI. En la actualidad, ya está surgiendo un nuevo orden internacional que no consiste en contar con una nueva hegemonía, sino en un modelo que busca fortalecer el poder político y económico a través de la paz y la estabilidad, con el fin de lograr un ascenso pacífico y sostenido. Mientras Occidente habla de hegemonía, países del Sur Global hablan de una comunidad de futuro compartido para la humanidad, de cooperación de beneficio mutuo, de desarrollo compartido y de una civilización ecológica como respuestas a problemas históricamente determinados. Vivimos un momento de reorganización de los bloques de poder, ya no bajo los moldes del siglo XX, sino en una disputa entre un bloque histórico, el del Norte Global, concentrado en Occidente y las potencias coloniales, y un modelo de multipolaridad, reformismo y heterogeneidad que caracteriza al Sur Global. Estamos en el ojo del huracán de un proceso histórico y debemos estar atentos a las oportunidades que la inestabilidad internacional puede catalizar para nuestro desarrollo, sin olvidar los riesgos que este proceso puede traer para la paz, la prosperidad y la estabilidad global. (Jhonathan Mattos es doctorando en Relaciones Internacionales por la Universidad del Estado de Río de Janeiro de Brasil y especialista en Política Económica Internacional) (Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente la postura de la Agencia de Noticias Xinhua)

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