Por José Gabriel Martínez y Douglas Martínez SAN SALVADOR, 14 sep (Xinhua) — El suelo reseco, las semillas que no germinan y el ganado que pierde peso son algunas de las señales visibles del impacto que El Niño tiene este año en la vida de los productores rurales de El Salvador. El país centroamericano permanece bajo la influencia del fenómeno desde el 23 de junio y atraviesa una sequía generalizada que ha reducido los niveles de las fuentes de agua y afectado la producción agropecuaria, elevando el riesgo sobre la seguridad alimentaria. Las autoridades ambientales salvadoreñas reportaron unos 14 récords de temperatura durante el pasado mes de agosto. De acuerdo con las “Perspectivas Climáticas Agosto-Noviembre 2026” del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), agosto, septiembre y octubre conformaban climatológicamente el trimestre más lluvioso de la época, con septiembre y octubre como los meses de mayores acumulados de precipitación. Sin embargo, el comportamiento esperado para este 2026 es diferente. “Para este año, en el que las condiciones de El Niño están presentes, el trimestre continuará con eventos secos principalmente en agosto y parte de septiembre por la extensión de la canícula”, señaló el MARN, que atribuyó también la baja probabilidad de temporales a la intensidad esperada del fenómeno. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) prevé que El Niño se fortalezca rápidamente durante los próximos meses, con un calentamiento de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental que podría superar los dos grados Celsius por encima del promedio. Para quienes dependen directamente de la tierra, esas previsiones ya se reflejan en la realidad cotidiana. En Tecoluca, departamento de San Vicente, el agricultor Romeo Cortez cultiva sorgo, maíz y caña de azúcar. Según relató a Xinhua, la irregularidad de las lluvias ya provocó la pérdida total de las primeras siembras. “Ya perdimos el 100 por ciento de las cosechas que sembramos”, afirmó Cortez y explicó que la ausencia de lluvias se ha prolongado hasta por un mes, con precipitaciones aisladas que no logran garantizar la humedad necesaria para los cultivos. “Todo lo que se sembró a principios de invierno, todo se ha perdido. Y hemos vuelto a sembrar. Esperamos que caigan algunas lluvias para que nazca la semilla y que siga lloviendo para recuperar la nueva cosecha”, comentó. El problema comienza incluso antes de que la planta pueda desarrollarse. Con el suelo expuesto a temperaturas elevadas, dijo, el grano puede deteriorarse antes de germinar. “Como la tierra se calienta, entonces el grano que enterramos se cuece. El calor de la tierra lo cuece y al llover ya no nace”, explicó. La pérdida de las cosechas, añadió Cortez, trasciende las parcelas y puede repercutir también en los consumidores, al reducir la disponibilidad de cereales en los mercados. “Aunque la gente tenga el dinero, no va a haber comida”, sentenció. En el Bajo Lempa, el pequeño ganadero Salvador Monterrosa enfrenta una situación similar, aunque desde otra perspectiva. La falta de lluvias ha reducido el crecimiento del pasto y obligado a los productores a recurrir a alimentos comprados para mantener al ganado. Monterrosa posee 20 reses y actualmente destina alrededor de 15 dólares diarios adicionales para alimentarlas con concentrado, un gasto que se suma a los costos habituales de la actividad. El impacto también es visible en los animales, que han perdido peso ante la falta de pasto suficiente. Para Monterrosa, vender parte del hato todavía no es una opción. “Ahí le voy a hacer fuerzas, a ver hasta dónde podemos llegar”, afirmó. Durante la temporada lluviosa, el pasto constituye una fuente fundamental de alimentación para el ganado. En condiciones normales, los productores pueden almacenar recursos para afrontar el verano, pero la actual sequía ha alterado este ciclo. “Esto tenía años que no se había dado”, ponderó Monterrosa. La experiencia de ambos productores coincide con la advertencia de Protección Civil de El Salvador, que estima entre el 20 y el 40 por ciento la probabilidad de que ocurra al menos un evento de sequía meteorológica a escala nacional durante agosto y parte de septiembre. La institución alertó que la combinación de déficit de precipitación, períodos secos recurrentes, temperaturas superiores a lo normal y la transición hacia la época seca incrementa la vulnerabilidad de la población y afecta la disponibilidad de agua, los sistemas productivos y la seguridad alimentaria. Ante este escenario, las autoridades han llamado a fortalecer las medidas tempranas de prevención y mitigación, con prioridad en los territorios y sectores más expuestos. El Niño, fenómeno natural asociado al calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial, altera los patrones de circulación atmosférica y modifica las lluvias a escala global. Su impacto se produce en un contexto agravado por el calentamiento global derivado de la actividad humana, que puede intensificar la frecuencia o severidad de determinados extremos climáticos. En El Salvador, sin embargo, la dimensión del fenómeno se mide también en términos cotidianos como una semilla que no germina, un terreno que permanece seco, una res que pierde peso y un productor que debe invertir más para mantener su actividad. Mientras las previsiones apuntan a que el calentamiento del Pacífico alcance su máximo entre octubre y diciembre, agricultores y ganaderos enfrentan ya la incertidumbre sobre lo que traerán los próximos meses. “Los agricultores estamos asustados. Bien asustados. Si no llueve, nosotros no cosechamos nada y no tenemos para sobrevivir”, resumió Cortez. Fin

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