RÍO DE JANEIRO, 8 jun (Xinhua) — Brasil llega al Día Mundial de los Océanos, celebrado este lunes, con una creciente apuesta por el denominado “carbono azul”, un concepto que gana protagonismo en las políticas climáticas internacionales y que sitúa a los ecosistemas marinos y costeros como aliados estratégicos en la mitigación del cambio climático. El carbono azul se refiere al dióxido de carbono capturado y almacenado por ecosistemas costeros como manglares, marismas y pastos marinos, considerados entre los más eficientes del planeta para absorber gases de efecto invernadero. Brasil posee una de las mayores extensiones de manglares del mundo, especialmente en la costa amazónica, lo que le otorga un papel destacado en las discusiones internacionales sobre soluciones naturales para enfrentar la emergencia climática. En declaraciones para Xinhua, el oceanógrafo y profesor de la Universidad Federal de Pará (UFPA) Nils Asp, afirmó que el reconocimiento del carbono azul representa un avance importante para ampliar las estrategias de mitigación climática. “Durante mucho tiempo, la atención se concentró principalmente en los bosques terrestres. Ahora existe una comprensión cada vez mayor de que los ecosistemas costeros también desempeñan un papel fundamental en la captura y almacenamiento de carbono”, señaló. Según Asp, los manglares brasileños poseen una capacidad excepcional para almacenar carbono en sus sedimentos durante largos periodos, además de ofrecer beneficios adicionales como la protección de las costas frente a la erosión, la conservación de la biodiversidad y el sustento de comunidades tradicionales. “Proteger estos ambientes no solo ayuda a reducir emisiones, sino que también fortalece la resiliencia de las poblaciones costeras frente a los impactos del cambio climático”, explicó. La creciente importancia de los océanos en la agenda climática mundial también refleja una visión más amplia sobre el papel de los mares en el equilibrio ambiental del planeta. Los océanos absorben una parte significativa del dióxido de carbono emitido por las actividades humanas y almacenan gran parte del exceso de calor generado por el calentamiento global. Sin embargo, el aumento de la temperatura de las aguas, la acidificación oceánica y la degradación de los ecosistemas marinos representan amenazas crecientes para esta capacidad reguladora. Para el oceanógrafo Carlos Teixeira, profesor del Instituto de Ciencias del Mar (Labomar) de la Universidad Federal de Ceará (UFC), la inclusión del carbono azul en las estrategias climáticas puede contribuir a una mayor integración entre conservación ambiental y desarrollo económico sostenible. “Los ecosistemas costeros ofrecen servicios ambientales de enorme valor, pero durante décadas estuvieron subestimados. Hoy existe una oportunidad para incorporar estos beneficios en las políticas públicas y en los mecanismos de financiamiento climático”, dijo a Xinhua. Teixeira destacó que la protección de manglares y otros ambientes costeros puede generar beneficios económicos asociados a la pesca, el turismo sostenible y los mercados de carbono, además de contribuir a la seguridad alimentaria de las comunidades locales. Según el oceanógrafo de Labomar, “Brasil reúne condiciones únicas para liderar esta discusión a nivel global gracias a la dimensión de sus ecosistemas costeros y a la experiencia científica acumulada en el estudio de estos ambientes”. En el Día Mundial de los Océanos, investigadores coincidieron en que la protección de los mares ya no puede ser vista únicamente como una cuestión ambiental, sino también como una herramienta estratégica para enfrentar la crisis climática y promover el desarrollo sostenible en las regiones costeras. Fin
