SAO PAULO, 27 may (Xinhua) — La expansión en Brasil de la producción de etanol de caña de azúcar como combustible tiene potencial para reducir en 19 por ciento las emisiones de gases de efecto invernadero en el país sudamericano hasta 2030, sin afectar la seguridad alimentaria ni impulsar la deforestación, recordó la especialista Luciane Chiodi Bachion. La investigadora senior y socia de la firma de consultoría brasileña Agroicone sostuvo en entrevista con Xinhua que con base en un estudio, Brasil posee bases en su legislación ambiental para permitir que el etanol de caña de azúcar pueda tomar el lugar de los combustibles fósiles en la mayor economía de América Latina. “Brasil cuenta con aproximadamente 28 millones de hectáreas de pastizales degradados disponibles y aptos para la producción agrícola”, recordó Chiodi Bachion. “Al incentivar a los ganaderos a mejorar el manejo de los pastizales, evitar pérdidas económicas y convertir tierras de baja productividad en prácticas más rentables, el sector logra expandir la producción de biocombustibles”, agregó. Agroicone divulgó la investigación académica realizada por especialistas de universidades de Brasil, Italia y Estados Unidos. La investigación, publicada además en la revista especializada “Sustainable Development”, afirma que este biocombustible es clave para el cumplimiento de los objetivos de la descarbonización económica sin afectar la seguridad alimentaria. A diferencia de la percepción que contrapone la producción de biocombustibles y la seguridad alimentaria, los resultados muestran que esa relación depende de un amplio conjunto de factores económicos y estructurales. El análisis evidencia que la expansión del etanol de caña puede generar impactos neutros o levemente positivos en la seguridad alimentaria, en especial porque los efectos del aumento de ingresos, empleo y actividad económica tienden a compensar eventuales incrementos en los precios de los alimentos. “En escenarios de mitigación climática, los resultados indican una tendencia de aumento de hasta el 6 por ciento en el consumo de alimentos y un crecimiento del 2 al 3,5 por ciento en el PIB (Producto Interno Bruto) per cápita hasta 2030”, mencionó. “Estos hallazgos refuerzan la importancia de considerar no solo los precios, sino también los ingresos, el consumo y el acceso a los alimentos al evaluar la seguridad alimentaria”, complementó Chiodi Bachion. Brasil es el principal productor mundial de etanol de caña de azúcar y desde la década de 1970 desarrolló una política de sustitución parcial de combustibles fósiles, tras la crisis internacional del petróleo. “La productividad de la caña sufrió impactos negativos en el pasado debido a déficits hídricos, lenta renovación de cultivos y cuestiones económicas enfrentadas por el sector. Superar esto exige investigación continua, extensión agrícola, mejores prácticas, acceso a recursos y tecnologías”, explicó la especialista. Chiodi Bachion señaló que los avances tecnológicos serán determinantes para aumentar la producción sostenible de biocombustibles en los próximos años. “El desarrollo de nuevas variedades genéticas, enfocadas en aumentar el contenido de sacarosa, la resistencia a plagas y la eficiencia en el uso de recursos, tiene potencial incluso para duplicar la productividad actual en el futuro”, indicó. La especialista añadió que aproximadamente el 90 por ciento de la producción brasileña de caña está certificada bajo el programa RenovaBio, la política nacional de biocombustibles. “Uno de los criterios de elegibilidad del RenovaBio determina que el área productora de biomasa no puede haber sufrido deforestación después del 27 de noviembre de 2018”, concluyó la entrevistada. Fin

Por Vimag