SAO PAULO, 9 may (Xinhua) — La reactivación de plantas de fertilizantes paralizadas por Petrobras, la empresa estatal petrolera de Brasil, ayuda a fortalecer la seguridad productiva y alimentaria en un contexto de alta dependencia externa de insumos agrícolas, declaró a Xinhua el especialista e investigador brasileño Alberto Pfeifer. “Cualquier iniciativa orientada al abastecimiento nacional garantiza el suministro y fortalece la seguridad productiva en un mundo marcado por vulnerabilidades”, agregó el investigador de Insper Agro Global, de la universidad y escuela de negocios Insper, ubicada en el sureño estado de Sao Paulo. El ingeniero agrónomo y doctor en geografía por la Universidad de Sao Paulo, consideró que la reanimación de fábricas en los estados de Paraná (sur), Bahía, Sergipe (ambos noreste), así como la reanudación de las obras de la Unidad de Fertilizantes Nitrogenados UFN-III en el estado de Mato Grosso do Sul (centro-oeste), son medidas importantes para reducir la dependencia externa del país, aunque insuficientes para cubrir toda la demanda nacional. Brasil importa cerca del 85 por ciento de los fertilizantes que consume y es uno de los mayores productores agrícolas del mundo, especialmente de soja, maíz y algodón, sectores altamente dependientes de los insumos nitrogenados y fosfatados. Las fábricas de fertilizantes fueron desactivadas en 2018 por el Gobierno de Michel Teemer, y en 2020 se cerró la de Paraná por decisión del entonces presidente Jair Bolsonaro, debido a que Petrobras las consideraba poco rentables. En cambio, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva determinó la reapertura en el marco de los objetivos del plan “Nueva Industria Brasil”. Según Pfeifer, “el agronegocio brasileño apoya amplia y profundamente un programa de industrialización e incentivo a la producción nacional de fertilizantes, para garantizar no tanto el tema de los precios, sino la seguridad del abastecimiento”. “El precio del fertilizante sigue la lógica del mercado, pero la posibilidad de tener fertilizante, sea cual sea el precio, es más importante que no tenerlo. Pagar caro es parte del juego; no tener acceso perjudica la continuidad productiva”, agregó. Por lo que “garantizar el aumento de la capacidad de suministro doméstico, con un 85 por ciento de dependencia externa, es esencial para asegurar la seguridad productiva, alimentaria y de consumo para el ciudadano brasileño”. La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán trajo problemas, ya que los iranies proveen gran parte de la urea para los fertilizates de Brasil, además de Rusia, China y otros mercados. Según Pfeifer, los fertilizantes nitrogenados dependen del gas natural proveniente de Oriente Medio, mientras que los fosfatados utilizan azufre producido también en esa región. “Como Brasil produce bienes de consumo cuyos precios son definidos por el mercado internacional, el productor no consigue trasladar ese aumento de costos al precio final. Lo que ocurre es una reducción del margen de rentabilidad”, señaló. Ante el encarecimiento de los insumos y la caída de los precios internacionales, muchos productores optan por reducir o racionalizar la aplicación de fertilizantes, lo que puede afectar la productividad y limitar las inversiones futuras, subrayó el experto. “La volatilidad perjudica la previsibilidad del productor, que deja de planificar inversiones de largo plazo, compra de equipos o expansión de infraestructura”, recalcó. La planta Araucária Nitrogenados S.A. (Ansa), en Paraná, retomó el 30 de abril la producción de urea tras permanecer paralizada desde 2020, luego de una inversión de 870 millones de reales (unos 177,5 millones de dólares). Además, Petrobras aprobó la reanudación de obras en la unidad de Mato Grosso (UFN-III), con inversiones previstas cercanas a 1.000 millones de dólares y una capacidad de producción diaria de unas 3.600 toneladas de urea y 2.200 toneladas de amoníaco. Según estimaciones del sector, la entrada en operación de UFN-III podría reducir la dependencia brasileña de importaciones de fertilizantes hasta el 65 por ciento. Para la presidenta de Petrobras, Magda Chambriard, las unidades ubicadas en Paraná, Bahía, Sergipe y Mato Grosso do Sul forman parte de una estrategia para ampliar la integración entre el sector energético y el agronegocio hasta 2029, proyectos que podrían generar entre 13.000 y 15.000 empleos. Fin
