RÍO DE JANEIRO, 28 abr (Xinhua) — Un estudio científico brasileño de largo plazo divulgado este martes descartó que la Amazonía esté en proceso de convertirse en una sabana, pero advirtió sobre una pérdida preocupante de biodiversidad y un deterioro progresivo de las funciones ecológicas del bosque. El análisis, basado en más de dos décadas de monitoreo en áreas impactadas por incendios, sequías y eventos climáticos extremos, concluyó que la selva amazónica mantiene una importante capacidad de regeneración estructural. Tras perturbaciones severas, la vegetación logra recuperar su cobertura forestal, lo que sugiere una resiliencia mayor a la esperada frente a escenarios de degradación. Sin embargo, los científicos enfatizan que esa recuperación es solo parcial. Aunque el bosque vuelve a crecer, su composición cambia de forma significativa. Especies más sensibles, típicas de selvas maduras, son reemplazadas por otras más resistentes, de crecimiento rápido y menor capacidad de almacenamiento de carbono. En declaraciones a Xinhua, la investigadora brasileña Erika Berenguer, una de las autoras del estudio, explicó que “la Amazonía no está colapsando hacia una sabana, pero eso no significa que esté sana. Lo que vemos es un bosque más pobre, con menos especies y menos capacidad de cumplir sus funciones ecológicas”. Según Berenguer, este empobrecimiento biológico tiene efectos directos sobre el equilibrio climático. “Cuando cambian las especies, cambia también la forma en que el bosque almacena carbono, regula la humedad y responde a las sequías. Es un proceso silencioso, pero muy preocupante”, afirmó. El estudio también revela que las áreas degradadas se vuelven más vulnerables a nuevos disturbios. Incendios recurrentes, sequías prolongadas y tormentas intensas tienden a afectar con mayor severidad a los bosques ya alterados, generando un ciclo de degradación que dificulta la recuperación completa del ecosistema. Para el investigador brasileño Paulo Brando, también vinculado al estudio, “el problema real es que el bosque está perdiendo calidad ecológica, incluso cuando sigue en pie”. En conversación con Xinhua, Brando señaló que “un bosque degradado puede parecer verde desde el aire, pero funciona de manera muy distinta. Tiene menos biodiversidad, menos capacidad de absorber carbono y es más vulnerable a nuevos impactos”. Los investigadores destacan que este fenómeno es especialmente visible en zonas de transición entre la Amazonía y el Cerrado, donde la presión combinada de la expansión agrícola, la deforestación y el cambio climático intensifica los efectos de degradación. El estudio subraya además que la pérdida de biodiversidad no solo afecta al clima, sino también a las comunidades locales y a los servicios ecosistémicos de los que dependen millones de personas, como la regulación del ciclo del agua y la fertilidad del suelo. Especialistas consultados coinciden en que los resultados refuerzan la urgencia de fortalecer las políticas de conservación. En particular, destacan la necesidad de prevenir incendios forestales, controlar la deforestación ilegal y promover la restauración de áreas degradadas. “El mensaje es claro: evitar la deforestación no es suficiente. También necesitamos proteger la integridad del bosque que aún existe”, afirmó Berenguer. Fin

Por Vimag