LA HABANA, 1 abr (Xinhua) — Celeste Domínguez, una anciana cubana de 66 años, enciende cada mañana el fuego con pedazos de madera que recoge en su propio patio o en los alrededores de su casa en La Habana, capital del país insular. Ya lleva dos años cocinando con leña porque el gas licuado, conocido en Cuba como “gas de balita”, dejó de llegar con regularidad. “Si tengo que hacer café, lo hago ahí, o el almuerzo, o la comida”, dice esta mujer que vive con su hijo y su nieto. La situación se ha agravado desde enero pasado, cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva para imponer aranceles adicionales a quienes envíen petróleo a Cuba. Para Celeste, el endurecimiento del bloqueo energético ha hecho que los apagones aumenten y que la “balita” se convierta en un bien cada vez más esquivo. “Antes lo recibía cada 11 días y siempre tenía gas. Ahora hace más de seis meses no me ha pasado algo así”, lamenta. A pocas cuadras de su casa, Danilaide Mondúy enfrenta una realidad similar. Madre de dos niños, un varón de nueve años y una niña de tres, explica que cocinar con carbón se ha convertido en una fuente de complicaciones diarias. Mondúy consigue el carbón donde puede, a veces en cantidades más pequeñas que su esposo trae desde un agromercado cercano, otras, con la ayuda de familiares que le envían sacos desde la occidental provincia de Pinar del Río. La demanda de carbón ha crecido considerablemente en los últimos meses, según cuenta Víctor Carmona, un productor que elabora este combustible en Aspiro, un pequeño poblado del municipio de San Cristóbal, en la provincia occidental de Artemisa. Carmona corta marabú, una especie invasora que abunda en los campos cubanos, y lo transforma en carbón utilizando hornos rústicos de elaboración artesanal. Este campesino cubano ha visto cómo desde enero sus ventas se han disparado. “La gente llama desesperada porque no tiene gas y los apagones no les dejan cocinar con electricidad. El carbón se ha vuelto una necesidad básica”, cuenta este hombre que antes vendía su producción solo a vecinos de la zona y ahora recibe pedidos desde La Habana, a más de 80 kilómetros de distancia. José Luis Hernández, vecino del consejo popular El Plátano, conoce bien la odisea de conseguir carbón en la capital. “Empezamos a cocinar con carbón, con leña, hasta que por la rotación pude comprar el gas”, recuerda. Sin embargo, admite que desde este enero los apagones han crecido y la situación se ha complicado nuevamente. La rutina de este trabajador se ha modificado por completo. “Tengo que levantarme a las 4:00 o a las 5:00 de la madrugada cuando ponen la corriente, para preparar el arroz, los frijoles y adelantar todo hasta que se va la luz”, explica. Cuando la electricidad falta, recurre a una hornillita rústica que fabricó con sus propias manos, donde coloca carbón y un poco de petróleo para encenderlo. La improvisación se ha convertido en una constante en los hogares cubanos. La diferencia con el gas es abismal. “No es lo mismo levantarse por la mañana, abrir la llave, poner la balita y prender el fogón, que ponerse a esa hora a encender carbón, ensuciarte todo porque tienes que sacarlo del saco con la mano”, asegura Hernández. Mientras Celeste, por su parte, ha optado por la leña para ahorrar dinero, ya que la recoge del patio donde los vecinos desechan ramas y restos de poda. Los efectos en la salud y la calidad de vida son visibles. Mondúy relata que la ropa se tiñe de negro con el hollín y que el humo se convierte en un problema dentro del hogar. “Si meto eso adentro, se me ahogan con el humo”, insiste la madre de dos niños pequeños. A pesar de estas incomodidades, todos coinciden en que no hay otra opción mientras persista la escasez. El Gobierno cubano atribuye esta situación al recrudecimiento del bloqueo estadounidense, que desde enero ha endurecido las medidas contra la llegada de combustible a la isla. La generación eléctrica del país depende de termoeléctricas obsoletas, con más de 40 años de explotación y un déficit crónico de inversiones, lo que agrava los apagones y obliga a recurrir a fuentes alternativas como el carbón y la leña. Fin

Por Vimag