Por José Gabriel Martínez y Douglas Martínez SAN SALVADOR, 10 sep (Xinhua) — A ocho años del establecimiento de relaciones diplomáticas entre El Salvador y China, dos empresarias salvadoreñas de rubros distintos coinciden en una conclusión: el intercambio comercial con el país asiático mueve mucho más que mercancías, en tanto que transforma vidas y acerca dos culturas que se reconocen en valores como la familia y la amistad. Sandra Folgueiras, fundadora de sendas empresas en El Salvador y China para el comercio bilateral, vivió cerca de 25 años en Yiwu, la ciudad china que se convirtió en el mayor mercado mayorista del mundo. Llegó allí cuando el comercio local se hacía bajo techos de lámina y fue testigo directo de la gran transformación experimentada por la urbe. “Me pude haber quedado a vivir en Beijing, en Shanghái, en Hong Kong, en Guangzhou, pero no, yo decidí quedarme a vivir en Yiwu y siempre les digo a todos que yo vi crecer esa ciudad”, relató la empresaria, cuyas empresas exportan hoy a varios países, entre ellos Estados Unidos, México, Guatemala, Honduras, Panamá y otros de Sudamérica. Su experiencia también dejó huella personal: “Cuando yo llegué a China, era una extranjera, pero ellos me acogieron como familia y eso siempre lo voy a recordar mucho”, afirmó Folgueiras, quien ponderó que nunca se sintió discriminada durante sus años en el país asiático. Marcela Figueroa, sommelier de té certificada desde 2012 y fundadora de un proyecto que fusiona insumos de China y El Salvador, encontró en la reconocida infusión de origen chino un vehículo de acercamiento cultural. “Para mí el té no solo es una bebida, sino que es una experiencia. Es el camino del té, compartir con los demás, poner todo mi cariño en la taza que voy a servir para otra persona”, explicó Figueroa, cuyo emprendimiento o iniciativa en torno al té como puente cultural integra a sus ceremonias de degustación otras prácticas saludables como el Tai Chi y el Qi Gong. Figueroa vinculó la riqueza del intercambio con el marco de la relación bilateral e instrumentos de cooperación entre ambos países. “Una vez nosotros somos parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda, pues nosotros podemos tener una conexión más cercana con China y hacer negocios e intercambios con mayor facilidad”, señaló. “He visto también muchas personas emprendiendo, no solo en El Salvador, sino que en otros lugares, también emprendiendo y siendo parte de estas iniciativas y viendo el crecimiento de sus empresas”, añadió. Los datos oficiales confirman el crecimiento del intercambio entre China y EL Salvador. Según el Banco Central de Reserva (BCR), el comercio bilateral se duplicó respecto a los niveles previos a 2018, año del establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países. En 2025, las importaciones salvadoreñas desde China llegaron a un máximo histórico de 3.566,2 millones de dólares, consolidando al país asiático como el segundo proveedor internacional de El Salvador, de acuerdo con las cifras del BCR de El Salvador. Ambos países negocian un Tratado de Libre Comercio, que entre sus objetivos principales busca facilitar la entrada al mercado chino de más productos salvadoreños, una meta también compartida y anhelada por Folgueiras y Figueroa. “Ojalá también nosotros podamos llevar de aquí para allá. Que bastante gente empiece a llevar productos de aquí, de El Salvador, hechos en El Salvador, y pueda venderlos allá en China”, deseó Folgueiras. Las dos empresarias instaron a los emprendedores salvadoreños, especialmente los más jóvenes, a contemplar entre sus planes de negocio la posibilidad de invertir en China y de conectar a ambos países mediante empresas y proyectos de diversa índole. Coinciden en una firme creencia de que el capítulo más reciente de la relación bilateral seguirá escribiéndose con más manos salvadoreñas y chinas trabajando juntas. Fin
