BEIJING, 12 mar (Xinhua) — Las “dos sesiones” anuales de China han llamado este año la atención de todo el mundo, pues los legisladores no solo se han reunido para establecer la agenda del próximo año, sino también para aprobar un plan que podría marcar la trayectoria del país hasta el final de la década. Las reuniones del máximo órgano legislativo y el máximo órgano asesor político se han celebrado en un contexto de creciente agitación mundial. En un momento en que las rivalidades geopolíticas desafían abiertamente cada vez más las normas establecidas y los conflictos se intensifican en Oriente Medio, el orden internacional se enfrenta a una presión sin precedentes. Las decisiones que en materia de políticas adopte China, la segunda economía más grande del mundo y hogar de 1.400 millones de personas, tienen repercusiones más allá de sus fronteras. Por lo tanto, la dirección definida en las “dos sesiones” de este año ha sido objeto de gran atención, sobre todo porque son muchos quienes miran al país asiático en busca de señales de estabilidad en un mundo cada vez más incierto. El esquema del XV Plan Quinquenal traza el camino a seguir a lo largo de los próximos cinco años para alcanzar el objetivo de lograr básicamente la modernización en 2035. Una característica distintiva de esta modernización es su énfasis en el desarrollo pacífico. Según el esquema, se espera que China trabaje en el siguiente lustro con sus vecinos en aras de promover el desarrollo integrado y mantener la estabilidad general en sus relaciones con las principales naciones. En una rueda de prensa celebrada en el marco de la sesión del órgano legislativo nacional, en la cual se trató lo concerniente a la política exterior, el ministro de Relaciones Exteriores, Wang Yi, reafirmó que China nunca buscará la hegemonía a medida que crezca su poderío, ni se suscribe a la lógica de que el mundo puede ser dirigido por los grandes países. Analistas han indicado que esta preferencia por la paz se deriva en parte de un instinto cultural e histórico profundamente arraigado. Durante gran parte de su historia milenaria, China se ha situado entre las naciones líderes del mundo. Su influencia ha tendido a extenderse por medio del comercio, las ideas y los intercambios culturales, más que como resultado de la conquista o la colonización. Por la antigua Ruta de la Seda se movilizaban caravanas a través de continentes, mientras que los viajes marítimos de Zheng He en el siglo XV llegaron hasta África, dejando tras de sí seda, té y porcelana, en lugar de fuertes, colonias o cañonazos. Esta moderación fue una elección consciente, parte integral del clásico arte chino de gobernar. “El arte de la guerra” eleva la victoria sin batalla como el más alto ideal estratégico, y los pensadores antiguos advertían que los poderes adictos al conflicto acabarían en definitiva por agotarse a sí mismos. La historia moderna forjó la psique nacional, si bien de una manera más brutal. Tras la Guerra del Opio de 1840, China sufrió invasiones, vejaciones y humillaciones a manos de las potencias occidentales. La invasión japonesa, iniciada a comienzos de la década de 1930 y continuada durante la Segunda Guerra Mundial, dejó cicatrices profundas y duraderas en el país. Estas experiencias reforzaron la aversión a la guerra y fomentaron la convicción de que la recuperación y la revitalización deben provenir de los esfuerzos internos y no de la expansión externa. Las décadas transcurridas desde la fundación en 1949 de la República Popular China han validado este camino. El país nunca ha iniciado una guerra, ni ha ocupado un centímetro de territorio extranjero, pero se ha convertido en la segunda economía más grande del mundo y ha mantenido esa posición por más de una década. Esta postura refleja no solo la continuidad cultural de la nación china, sino también la filosofía fundacional del Partido Comunista de China (PCCh), actualmente en el poder. El desarrollo pacífico no es una simple expresión diplomática, sino que está integrado en el tejido institucional chino, codificado explícitamente tanto en la Constitución nacional como en los Estatutos del Partido. Al proponer en 2013 la construcción de una comunidad de futuro compartido para la humanidad, el mensaje chino ha sido claro: en una era llena de desafíos, los enemigos de los seres humanos no son ellos mismos, sino la guerra, la pobreza, el hambre y la injusticia. Nadie puede luchar estas batallas en solitario, ni esperar abrirse camino velando únicamente por sus propios intereses. Por el contrario, debe darse una unión para crear un futuro común. A un nivel estructural más profundo, la confianza ofrecida por China al mundo provienen del hecho de mantener sus vínculos con el resto del planeta mediante redes comerciales y productivas. El país cuenta con todas las categorías industriales enumeradas en la clasificación industrial de la ONU. Como el mayor comerciante mundial de bienes y uno de los mayores mercados de consumo, sostiene extensos lazos comerciales con más de 160 países y regiones. Podría decirse que esta interdependencia es una de las garantías más eficaces para la seguridad mundial, ya que los intereses económicos mutuos pueden ayudar a mitigar la rivalidad geopolítica. Se espera que el venidero XV Plan Quinquenal lleve este modelo de compromiso global a la próxima fase. Posiblemente, China abrirá aún más sus puertas, promoverá un comercio equilibrado y mejorará la distribución en el exterior de sus cadenas industriales y de suministro. En medio de estos amplios vínculos económicos, se ha conservado una postura militar defensiva. El gasto en defensa sigue siendo modesto en los principales indicadores relativos, que incluyen su proporción en relación con el PIB, al igual que las cifras de dicho gasto, tanto per cápita como por miembro del personal militar. Por ejemplo, el gasto en defensa chino ha permanecido constantemente por debajo del 1,5 por ciento del PIB durante varios años. Por el contrario, los miembros de la OTAN han decidido incrementarlo hasta el 5 por ciento del PIB para 2035. Al mirar hacia el oriente, este gasto per cápita de Japón en el año fiscal 2025 fue tres veces superior al de China, mientras que el efectuado por miembro del personal de defensa fue más del doble en la misma comparación. China se adhiere a una política de no ser el primero en utilizar armas nucleares. Es el segundo mayor financiador de las operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU y el principal aportante de tropas entre los miembros permanentes de su Consejo de Seguridad. El país aspira a la paz, pero reconoce que preservarla requiere vigilancia. Hay numerosas maneras de defender la paz, mantener la seguridad e impedir la guerra, pero la capacidad militar sigue siendo el último recurso. China es inequívoca en la defensa de su soberanía, seguridad e intereses de desarrollo. Esta determinación nunca debe subestimarse. Fin
