CARACAS, 21 ene (Xinhua) — En un estrecho corredor natural donde el mar Caribe golpea de frente y las montañas del Parque Nacional Henri Pittier se levantan a la espalda, el pueblo de Chuao, en Venezuela cultiva, desde hace más de 400 años, un cacao excepcional de altísima importancia para la localidad. Playa, río, selva y haciendas cacaoteras conviven en pocos kilómetros, dando forma a una de las geografías más singulares del país y a una cultura profundamente ligada a la tierra, la resistencia y la defensa de la soberanía. El cacao es el eje económico, histórico y simbólico de esta localidad costera del estado venezolano de Aragua. Para Leida Ladera, trabajadora y productora de la Empresa Campesina de Chuao, el valor del cacao va más allá del mercado. Ladera relató a Xinhua que se trata de un cultivo que se da con especial fuerza gracias a la fertilidad del suelo y al cuidado transmitido por generaciones. En Chuao, dice, “lo que usted siembra, nace”. En el pueblo reina una tranquilidad que contrasta con la velocidad y los estruendos de las ciudades del mundo. Sin embargo, esa calma cotidiana convivió recientemente con acontecimientos de gran impacto nacional e internacional. El pasado 3 de enero, en la madrugada, Estados Unidos lanzó un ataque aéreo sobre Caracas y otras tres ciudades del centro de Venezuela, un hecho que dejó al menos 100 personas fallecidas y decenas de heridos. La operación derivó además en la captura ilegal del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, quienes fueron trasladados a Estados Unidos y comparecen actualmente ante organismos judiciales de ese país. En comunidades como Chuao, donde la vida cotidiana transcurre en aparente calma, estos hechos no se perciben como lejanos. Sus habitantes se reconocen como parte de un país sometido históricamente a presiones externas y aseguran compartir el mismo sentimiento patriótico que otras regiones venezolanas, aunque su realidad cotidiana está marcada por la pesca y la agricultura. Ese espíritu se hizo visible en 2020, cuando pobladores de Chuao participaron directamente en la captura de un grupo de mercenarios que intentó ingresar por la costa venezolana. El episodio permanece en la memoria colectiva local como una experiencia de defensa del territorio, asumida no como un acto extraordinario, sino como un deber compartido. Según el Gobierno venezolano, los habitantes de esta localidad capturaron a ocho mercenarios, entre ellos dos ciudadanos estadounidenses, Luke Alexander Denman y Airan Berry, quienes habían formado parte de equipos vinculados a la seguridad del hoy presidente Donald Trump. Reinaldo Alfonso Chávez, cultor popular y artesano del pueblo, fue testigo directo de los hechos y explicó que vivir de frente al mar y con las montañas a la espalda es tanto una condición geográfica como una posición simbólica: estar atentos, proteger lo propio y defender el país cuando es necesario. En ese sentido, afirma que “Chuao defiende lo suyo y, al hacerlo, defiende también a Venezuela”. Mientras tanto, los pobladores siguen defendiendo el cacao como expresión local de la soberanía venezolana, agregó el señor Reinaldo. Por su parte, Alcides Herrera Bacalao, presidente del Consejo Regulador de la Empresa Campesina de Chuao, señaló a Xinhua que la calidad excepcional del cacao local fue reconocida internacionalmente con la Denominación de Origen, la primera otorgada en Venezuela y la primera en el mundo para este rubro. Explicó que este reconocimiento certifica que el cacao es inseparable de su territorio. No se trata solo de una semilla, sino de un conjunto irrepetible de factores: la cercanía del mar, los ríos que descienden de la montaña, la humedad, el sol y un proceso artesanal que se mantiene intacto desde los ancestros. Según Herrera Bacalao, incluso sembrando la misma genética en otro lugar, el resultado no sería el mismo. La fermentación natural, el secado al sol y el uso de herramientas tradicionales forman parte de una cadena productiva que ha resistido la industrialización y que sostiene la reputación internacional del cacao de Chuao. De cara al futuro, productores y cultores de Chuao expresan expectativas de mayor prosperidad a partir del cacao y consideran que pueden aportar de manera significativa a la diversificación económica nacional. Consideran que experiencias como la suya demuestran que Venezuela posee tierras fértiles, conocimiento ancestral y capacidad organizativa suficientes para diversificar su economía y generar beneficios más allá del petróleo. En Chuao, el cacao no es solo un producto de exportación. Es identidad, memoria y soberanía. Un grano que nace entre el mar y la montaña, trabajado por un pueblo que, incluso en medio de las tensiones más duras, insiste en cultivar su tierra y defender su país. Fin
