RÍO DE JANEIRO, 27 ago (Xinhua) — Un estudio internacional en el que participaron científicos brasileños y divulgado hoy reveló que la deforestación en regiones tropicales del mundo está vinculado a unas 28.000 muertes anuales por calor, principalmente en poblaciones vulnerables de Asia, África y América Latina. La investigación, realizada por la estatal Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) de Brasil, junto con el Instituto de Ciencia del Clima y la Atmósfera de la Universidad de Leeds (Reino Unido) y la Universidad Kwame Nkrumah de Ciencia y Tecnología de Ghana, aplicó por primera vez una escala pantropical, abarcando las tres principales zonas de selvas tropicales del planeta. Según el análisis, entre 2001 y 2020 unos 345 millones de personas estuvieron expuestas al calentamiento local derivado de la pérdida de bosques. Durante el período, la temperatura superficial diurna aumentó en promedio 0,27 °C, cifra que, aunque parece modesta, tiene efectos significativos sobre la mortalidad. Los resultados indican que la deforestación causó 28.330 muertes no accidentales al año por calor, con un rango estimado de entre 23.610 y 33.560 fallecimientos. El Sudeste Asiático concentró el mayor impacto, con 15.680 muertes anuales, seguido por África tropical con 9.890 y las Américas Central y del Sur tropical con 2.520. El estudio calculó que en dos décadas se perdieron 1,6 millones de kilómetros cuadrados de cobertura forestal: 760.000 km² en América tropical, 490.000 km² en el Sudeste Asiático y 340.000 km² en África. En áreas deforestadas, el calentamiento promedio llegó a 0,70 °C, más de tres veces el registrado en zonas que conservaron sus bosques. Los científicos advirtieron que este calentamiento adicional reduce la productividad laboral y expone a millones de trabajadores a condiciones de riesgo. Solo entre 2003 y 2018, unos 2,8 millones de trabajadores tropicales enfrentaron niveles de calor superiores a los límites considerados seguros para actividades al aire libre, con consecuencias en la salud cardiovascular y mayor riesgo de mortalidad. El impacto es más severo en países de bajos ingresos, donde el acceso a tecnologías de adaptación, como aire acondicionado, es limitado, y los sistemas de salud son más frágiles. Esto genera una doble vulnerabilidad para las poblaciones pobres que dependen directamente de los ecosistemas tropicales. “Además de la regulación climática, los servicios ecosistémicos forestales son esenciales para la calidad de vida de las poblaciones locales. La reducción de la deforestación también es una cuestión de salud pública, pues evita muertes por calor y garantiza condiciones más favorables para comunidades vulnerables”, afirmó Beatriz Oliveira, investigadora de Fiocruz Piauí y coautora del estudio.