JINAN, 28 ago (Xinhua) — Hace ochenta años, Charlie Stanley tenía solo tres años cuando él y sus padres fueron confinados a un campo de concentración en la ciudad de Weifang, en la provincia oriental china de Shandong, durante la Segunda Guerra Mundial. “Como era muy pequeño, no tengo muchos recuerdos personales del campo. Pero he escuchado historias y leído libros sobre esos hechos”, señaló este estadounidense de 83 años, quien recientemente regresó a Weifang para participar en un evento de intercambio académico acerca de la historia, los recuerdos y los legados de los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial en Asia. La ciudad, antiguamente conocida como Weixian o Weihsien, albergó el “Patio del Camino Feliz”, un complejo construido por los estadounidenses en 1882. Durante décadas, funcionó como iglesia, hospital y escuela. Sin embargo, entre marzo de 1942 y agosto de 1945, los invasores japoneses convirtieron el complejo en el campo de concentración de Weihsien, utilizado para la detención de más de 2.000 expatriados, entre ellos más de 300 niños, procedentes de Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y otros países. “En aquel tiempo, la calefacción y la ropa escaseaban y nadie tenía lo suficiente para comer”, narró Stanley. Afortunadamente, algunos chinos locales encontraron la manera de llevar comida a los internos, y gracias a esto, su padre pudo conseguir huevos para alimentarlo. Los registros históricos evidencian que numerosos chinos arriesgaron sus vidas para romper los bloqueos japoneses y entregar así mensajes, como también proporcionar alimentos y suministros médicos a los internos. Trágicamente, algunos incluso murieron en estos esfuerzos. El 17 de agosto de 1945, dos días después de la rendición de Japón, el campo fue liberado por un equipo de rescate integrado por paracaidistas, lanzado por las fuerzas de Estados Unidos en China. En 2021, Weifang fue designada “Ciudad Internacional de la Paz”. El antiguo campo de concentración experimentó una transformación y se convirtió en un museo donde se conmemoran la paz y la amistad. Siete edificios históricos conforman ahora la parte principal del museo, que alberga objetos personales alguna vez usados por los internos, como lámparas de queroseno, botellas de agua y relojes. En un monumento con los nombres de los detenidos, Stanley identificó el suyo propio, así como los de sus padres y otros familiares. “Mientras estos nombres permanezcan, nuestra historia perdurará”, afirmó. La historia ha dejado una huella imborrable en su familia: su hijo desarrolló un profundo interés por la historia moderna china, mientras que su hermano fue profesor de historia en la Universidad de Hong Kong. “Mi familia es un ejemplo de los fuertes y duraderos lazos de amistad que se han forjado entre China y otros países”, manifestó. Durante el evento, Stanley conoció a Han Chongbin, un hombre de 80 años cuyo padre ayudó en su día a los expatriados del antiguo sitio de confinamiento. “En ese entonces, por compasión hacia los internos, mi padre gastó su propio dinero para comprar dulces y llevó huevos de su casa que logró introducir en el campo. A cambio, los internos desmontaron una cama de hierro y se la enviaron”, rememoró Han. “Nunca imaginó que su ayuda sería recompensada”. En 2019, Han donó la cama al museo en el que ahora, como uno de sus voluntarios, comparte con los visitantes historias relacionadas con ese período histórico. Con la ayuda de traductores, él y Stanley compartieron una emotiva conversación, tomados de la mano como viejos amigos. “La paz es nuestra aspiración común”, expresó el estadounidense. “Recordar el sufrimiento no es perpetuar el odio; es encender la luz de la esperanza para el futuro”, comentó Ayo Ayoola-Amale, vicepresidente del consejo directivo de la organización Ciudades Internacionales de la Paz. “El compromiso de Weifang con la preservación de este legado, al establecer el museo conmemorativo del campo, invitar a los descendientes de los sobrevivientes a regresar, y educar a las generaciones más jóvenes con la verdad, personifica la práctica más profunda de la paz. Tal valentía merece el reconocimiento mundial”, destacó. Fin

Por Vimag